La Quinta P de Andrés Mellado, con Carmen Granja

Directora general de La Cartuja de Sevilla

Hay marcas que forman parte de la memoria colectiva y otras que aspiran a conseguirlo. La Cartuja de Sevilla pertenece desde hace generaciones a la historia de miles de hogares. Tras 185 años de historia, Carmen Granja afronta ahora el reto de convertir ese enorme legado en futuro: recuperar la confianza, conquistar a nuevas generaciones e innovar sin perder una identidad reconocible a primera vista.

Con su directora general estrenamos La Quinta P de Andrés Mellado, una conversación sobre marketing, marca y empresa que, en esta primera entrega, tiene mucho de renacimiento, pero todavía más de futuro.

¿Qué función cumple el marketing en el propósito de La Cartuja de Sevilla?

En La Cartuja cumple una función mucho más profunda que vender el producto. Tenemos que conseguir que la gente entienda el valor que hay detrás de cada pieza. Somos una marca con 185 años de historia, fabricamos en Sevilla, conservamos muchísimos procesos y la mano del artesano sigue siendo fundamental. El marketing tiene que conectar ese patrimonio con el presente: no basarnos en quiénes fuimos, sino explicar quiénes somos ahora y qué queremos ser mañana. Los 185 años son muy relevantes, pero para mí lo más importante son los siguientes ciento ochenta y cinco.

La Cartuja es una marca que muchas personas han conocido en casa de sus padres o de sus abuelos. ¿Cómo se consigue que una marca con tanta historia vuelva a ser deseada por nuevas generaciones?

Ese es uno de nuestros grandes retos. Me parece maravilloso que alguien diga: “Esta vajilla la tenía mi abuela”, pero necesitamos que a continuación diga: “Y la quiero en mi casa”. Para conseguirlo estamos trabajando a partir de nuestro archivo histórico. Seguiremos fabricando los modelos reconocibles de La Cartuja, pero también lanzaremos nuevos diseños, colores y propuestas capaces de conectar con otros públicos sin perder nuestra tradición. En octubre llegará el primer lanzamiento de esta nueva etapa y creo que la gente se va a sorprender.

Cuando detrás de una marca hay 185 años de historia, ¿hasta dónde se puede innovar sin dejar de ser La Cartuja?

Podemos innovar hasta donde queramos siempre que sepamos que hay cosas que no podemos tocar. En nuestro ADN están Sevilla, nuestras raíces andaluzas y nuestra condición de artesanos. Podemos innovar, pero tenemos que mantener el oficio artesanal y aquello que hace que veas un plato y sepas que es de La Cartuja. Se trata de mirar nuestro archivo con otros ojos: no romper con el pasado, sino transformarlo en nuevas colecciones, colaboraciones y formas de relacionarnos con el cliente.

¿Cómo se comunica una marca que prácticamente todo el mundo conoce, pero que necesita volver a contar quién es?

Estamos poniendo mucho el foco en enseñar nuestro proceso artesanal porque la gente conoce La Cartuja, pero muchas veces no conoce todo lo que existe detrás. Queremos mostrar cómo se hace la pasta, cómo se labra una pieza, cómo se decora o cómo entra en el horno. Contar todo ese proceso es, al final, contar quién eres.

Hace apenas unos meses se hablaba de la posible desaparición de La Cartuja y hoy hablamos de crecimiento, nuevos mercados y ampliación de plantilla. ¿Os ha sorprendido la respuesta que ha tenido el regreso de la marca?

Muchísimo. Soy de Sevilla y también amante de La Cartuja, pero no imaginaba el vínculo emocional que existe con ella. La gente quiere a La Cartuja de verdad. Ahora tenemos que convertir ese cariño en un proyecto empresarial sostenible: fabricar bien, vender, cumplir con los distribuidores y desarrollar producto. En cuatro meses hemos pasado de 30 a 49 trabajadores. El cariño ayuda muchísimo, pero una empresa no puede vivir solo del afecto.

La Cartuja nació en Sevilla, lleva Sevilla hasta en el nombre y, al mismo tiempo, vuelve a mirar al mercado internacional. ¿Puede lo profundamente local convertirse precisamente en una ventaja para competir globalmente?

Absolutamente. Nuestro vínculo con Sevilla no nos hace más pequeños; al contrario, nos hace diferentes. Y esa diferencia es la que tenemos que internacionalizar. Hay pocas compañías y pocos productos que tengan unas raíces y una historia como las nuestras. Para llevar La Cartuja fuera tenemos que tirar precisamente de nuestro origen.

Además, tenemos un patrimonio increíble que seguimos redescubriendo. Queremos recuperar el museo, las visitas a la fábrica y abrir la tienda para que el cliente pueda conocer cómo se hace todo y vivir La Cartuja como una experiencia.

Producto, precio, distribución y promoción son las cuatro P clásicas del marketing. Para Carmen Granja, ¿cuál es hoy la quinta P?

Me quedo con las personas. Puedes tener un producto extraordinario, un buen precio, una buena distribución y una espectacular campaña de marketing, pero al final son las personas las que hacen que todo eso ocurra. En La Cartuja es especialmente evidente: ha sido el equipo de trabajadores el que ha conseguido levantar en cuatro meses una fábrica que estaba completamente parada y fueron también cuatro personas las que apostaron por este proyecto con su patrimonio. La quinta P son las personas.